¿Cómo invertir con un horizonte de largo plazo?

La política es un elemento menor a la hora de decidir en qué invertimos a largo plazo. Por supuesto que el marco fiscal y regulatorio es importante, puesto que una parte importante del beneficio neto son los impuestos y a veces las subvenciones, en sentido positivo. Obviamente, cuando estas condiciones son favorables la economía suele tener mayor crecimiento y favorece la generación de los beneficios.

Por ejemplo EEUU al ser una economía liberal, la reasignación del capital en proyectos de inversión es mucho más dinámica que en Europa, por lo que el mercado americano es más idóneo para invertir, debido a que el marco legal que ampara la economía es mucho más dinámico, libre y flexible, lo que permite un mayor incentivo a la creatividad empresarial y por ende, a que las empresas desarrollen mejores ventajas competitivas.

Pero si bien es cierto que es un aspecto importante a considerar, es un aspecto menor. Lo que verdaderamente importa a la hora de buscar valor a largo plazo son las ventajas competitivas de las compañías. Invertir en negocios que tengan ventajas competitivas es un aspecto diferencial, el segundo es qué precio pagamos por ello. Aquí entran en juego dos factores; comprar a precio de ganga o bien comprar a un precio correcto, pero en crecimiento. Cuando compramos a precios de derribo una acción es consecuencia de un crash bursátil o bien de una coyuntura desfavorable para un sector o compañía específica. Es decir, que la existencia de una crisis faculta la creación de valor a largo plazo, para aquellos inversores que dispongan de liquidez. Sin embargo, a veces compramos un valor que cotiza con múltiplos actuales exigentes pero con crecimientos fuertes. Esta hipótesis encaja con la idea de que pagamos un precio caro hoy, pero barato mañana si tenemos en cuenta que el beneficio futuro será sustancialmente superior. A medio y corto plazo, las compañías que más suben son las que más crecen. Circunstancia limitada en el tiempo, puesto que el desequilibrio llega en el momento que el mercado valora las compañías sin ningún tipo de criterio, lo que imposibilita pensar en el largo plazo. Un ejemplo claro de lo que expreso es el sector del automóvil. Tesla es junto con Volkswagen y Toyota, la empresa de mayor capitalización del mercado, logrando el hito de cotizar alrededor de 100 Bl USD, algo insólito en la industria automovilística, siendo la capitalización de Tesla prácticamente el doble de BMW por ejemplo. Aquí el mercado valora muy positivamente el futuro recorrido de la compañía, que en realidad ha logrado por primera vez en su historia beneficios operativos y que se sigue financiando ampliando capital. Tesla que cerró el tercer trimestre de 2019 facturando 6.300MM USD y ganando 176MM€ vale en bolsa casi el doble que BMW que cerró el mismo trimestre con 26.667MM€ de facturación y 2.248MM€ de beneficio antes de impuestos. De algún modo, el mercado aspira a que Tesla se convierta en una compañía con el doble de tamaño de BMW, algo que en caso de conseguirlo en un plazo razonable de 5 años, sería todo un hito en el mundo empresarial. ¿Tiene sentido invertir a largo plazo en Tesla, a la vista de estos números? La respuesta es evidente; ¡no! pero la realidad es que la compañía ha subido un 156% desde que presentara beneficios operativos, por primera vez en su historia en septiembre de 2019.

En el sentido contrario tenemos a Renault. La compañía cotiza un 60% por debajo de sus máximos marcados durante 2018. El desplome de Renault se debe a la guerra de control con NISSAN, la fuga de su ex CEO. La compañía se cotiza en el mercado en 4,7 veces sus beneficios, lo que ya de por sí es un auténtica ganga. Sin embargo, lo curioso del tema es que Renault tiene el 43% de las acciones de Nissan, una pequeña participación de Daimler y caja neta por un valor total cercano a los 14,000MM€. Dicho de otro modo, si la compañía decidiera vender las acciones de Nissan, las de Daimler y repartir junto con la caja un dividendo, se nos devolvería el dinero a los accionistas y nos quedaríamos con las acciones a coste 0, de un negocio que terminó el 3Q de 2019 facturando 28.000MM€ y ganando antes de impuestos 1.048MM€.

¿Qué sentido tiene que haya caído un 60%, mientras Tesla ha subido un 150%?, ¿Qué sentido tiene que Tesla valga en Bolsa unos 100BL USD y Renault 13BL €? El mercado es así, exagera para bien o para mal a corto plazo, para cotizar al precio justo en el largo plazo. Lo que como inversores nos interesa verdaderamente, no es correr tras los precios sino comprar un trocito de compañía y pensar a largo plazo. Cuando compramos barato, como es el caso de Renault nos protege el precio pagado con suficiente margen de seguridad. Cuando pagamos un alto precio, justificado por la codicia, entonces lo único que nos ofrece refugio, es la suerte.

Gisela Turazzini

CEO Blackbird

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