¡Jaque para Jackson Hole!

«Quienes más sufren en una crisis son quienes no jugaron ningún rol en crearla», Joseph Stiglitz.

La mayoría de los mortales nunca llegamos a conocer nuestro verdadero destino, simplemente somos atropellados por él. Para cuando levantamos cabeza y lo vemos alejarse por la carretera ya es tarde, y el resto del camino no nos queda otra que hacerlo por la cuneta de aquello que los soñadores llaman madurez. La esperanza no es más que la fe de que ese momento no haya llegado todavía, de que acertemos a ver nuestro verdadero destino cuando se acerque y podamos saltar a bordo antes de que la oportunidad de ser nosotros mismos por una vez se desvanezca para siempre y nos condene a vivir de vacío, añorando lo que debió ser y nunca fue.

Y entre paradojas nos encontramos, nuestro mundo económico está sumido de lleno en una enorme, que intenta cohabitar entre la razón de aquellos que tratamos de comprender y la arrogancia de aquellos que tienen el poder de imponer. Pero la cruda realidad de esta sociedad es que la estirpe ‘progre’ que ni comprende ni quiere, trata de hacernos creer que la culpa es de la falta de escrúpulos de mi querido Mr. Market, que según ellos precisa de una mayor regulación. Cuando, lejos de ello, el principal problema que afecta a los mercados financieros es la falta de ética del poder a la hora de imponer sus ególatras normas, en contraposición del principio de autorregulación que impera en un sistema que lejos del corsé autoritario de dicho poder ¡actúa sin miedo y en libertad!

Agosto se presenta como un mes clave, ante el importantísimo simposio de ‘Jackson Hole’. Este, y no otro señores, es el epicentro del mayor paripé monetario en el cual los banqueros centrales deciden hacia dónde dirigir el capitalismo mundial de cara a la próxima década. Y es que tras los datos de inflación que hemos ido conociendo estas semanas, así como las declaraciones de Jerome Powell anticipando la normalización monetaria para 2023 y dejando por ende abierta la puerta al temido ‘tapering’ en 2022, lo cierto es que ansiamos las pistas que nos regale este simposio, ya que serán sin duda recogidas para bien o para mal por el mercado.

En este sentido, no me cabe duda de que el reto de la FED será procurar que la retirada de los estímulos monetarios lanzados durante la pandemia no cree la inestabilidad financiera que precisamente quiso evitar con su puesta en marcha, y que indiscutiblemente podría detonar a los mercados bajo un proceso bipolar basado en la normalización y la volatilidad, que desencadenaría con una perturbación de mercados que todos los banqueros centrales, aunque irónicamente no lo reconozcan en público, tratarán de evitar a toda costa.

Más inflación

La enorme paradoja en la que estamos sumidos como economía global reside en el hecho de que estimular el crecimiento suele alimentar la inflación, y viceversa, de lo que doy fe es de que la ortodoxia destinada a contenerla lastra nuestra economía. Esto constituye un cóctel abruptamente indigesto para los mercados, que podrían encontrarse de facto en un entorno de sobrecalentamiento económico provocado por la ingente cantidad de estímulos fiscales y monetarios recibidos, cohabitando a su vez con un proceso de inflación y deuda, algo que sin duda en mi opinión empieza a plantearme un incipiente escenario de estanflación.

Obviamente es un debate que debemos aparcar para 2023 como mínimo, puesto que el repunte cíclico del 5% en los precios del IPC americano de mayo, parece que debería tener un comportamiento temporal, si bien es cierto que la inflación subyacente se encuentra en niveles no vistos desde 1992. Europa no parece estar por el momento en una situación tan descontrolada, pero el encaje de bolillos entre banqueros centrales y gobiernos no será nada simple, algo que a nadie escapa tal y como hemos visto la semana pasada las bolsas.

Cualquier situación mal gestionada por parte de los banqueros centrales podría abrir la caja de pandora y convertir los mercados en un auténtico infierno para aquellos que llevan más de una década manipulando a un yonki financiero, que apenas recuerda haber sido “normal” alguna vez. Y como esto va de normalización, volver a lo que nunca debería de haber dejado de ser, no será moco de pavo. Desentrillonar el mundo tendrá consecuencias traumáticas, les guste más o menos; y ello debe ocuparnos al menos a todos aquellos que tenemos la responsabilidad de gestionar el ahorro de miles de ciudadanos, y que vivimos los mercados de una manera ultra profesional.

Pues bien, ¿recuerdan aquello de que quienes más sufren en una crisis son quienes no jugaron ningún rol en crearla? Espero que sí, falta nos hará no volver a olvidarlo.

Un mercado que actúa en libertad siempre castiga generosamente a quien se excede de sus posibilidades, haciendo del “prueba y error” una virtud que se convierte en experiencia y de paso ayuda a mejorar las condiciones de vida de aquellos que hacemos de dicha experiencia conocimiento y reflexión, algo que en materia económica se traduce en prosperidad. Sin embargo, la extorsión monetaria a la que los mercados someten a los bancos centrales, supone un agravio para aquellos que no comprenden de burbujas ni de excesos, y que tratando de hacer las cosas bien son castigados ya sea mediante un proceso de inflación que destruye el poder adquisitivo, o mediante un tejido empresarial zombificado de proyectos de inversión no viables y capital frustrado y derrochado, capital que tiende a convertirse a posteriori en una mochila de deuda y problemas cada vez que una burbuja estalla, ¿les suena? ¡Pues despierten! Porque el capitalismo vuelve a estar en jaque y en manos de aquellos que sin merecerlo ostentan el poder más grande que existe; decidir sobre el futuro de nuestro capital.

Gisela Turazzini, Founder CEO, Blackbird Bank

Blackbird
pablo@talkcomcomunicacion.com
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