¡Pesadilla en Wall Street!

“Hay suficiencia en el mundo para las necesidades del hombre, pero no para su codicia”, Mahatma Gandhi.

Siempre he considerado divagar como un gran defecto del ser humano, puesto que si bien es cierto que hacerlo parte del hecho de ser seres racionales, suele ser síntoma inherente de duda y por ende, ¡de debilidad! La convicción es una gran virtud, que nos lleva a un estado de superación el cual nos hace crecer de manera exponencial, aunque como toda virtud, requiere de un enorme esfuerzo, un sentido del cual carecen los que divagan. Al fin y al cabo quienes divagan no se equivocan, principalmente por la falta de necesidad que provoca el hecho de pasarse la vida pensando en lo que uno quiere hacer, en vez de hacerlo. ¿Resumiendo? Al que duerme lo único que le puede pasar es que sueñe.

Dicho todo lo cual, éste es para mi el principal defecto que sujeta los mercados en el corto plazo, que no hacen más que divagar entre un intenso mar de noticias, que no aportan más que debatir los precios en un soporífero e inacabable mercado lateral, para el histrionismo de algunos inversores. Pero, ¿cómo no va a volverse un absoluto histriónico mi querido Mr. Market? El constante bombardeo de noticias sigue pesando sobre unos mercados que continúan desafiando el mal de alturas a golpe de soporte, entre una inflación que no se detiene, unos bancos centrales que endurecen sus mensajes y un mundo que parece haberse olvidado de la vulnerabilidad y necesidad de cooperación global que nos enseñó el COVID-19, bajo la vuelta a la cruda realidad de la tiranía a la que muchas veces tiende la paupérrima usurpación del poder. Y es que las duras palabras de Vladímir Putin acerca de que ni él ni Macron quieren la guerra, no son más que una declaración de intenciones de lo que significa para él Rusia; ¡bienvenidos a su propiedad privada! Y es que el poder tiene estas cosas señores, confunde a quienes lo ostentan de manera prolongada en el tiempo acerca de su misión, que no es más que representar y servir al pueblo, algo que al parecer Mr. Putin comprende inversamente.

La escalada militar podría ser la chispa que desate una tormenta perfecta en Wall Street, obstinada en la lógica rotación cíclica al calor de un cambio sustancial de paradigma macroeconómico, en el que al fin las intervenciones se centran en la economía productiva, y no en la especulativa. Así que no es de extrañar que la escalada bélica en las fronteras de Rusia me hagan pensar en si es lícito el derecho de Ucrania en formar parte de la Unión Europea y la OTAN, o si es como dice Putin una encrucijada para que de rebote Ucrania arrastre a Europa a la tercera guerra mundial, parece mentira que estamos hablando de algo semejante en el siglo XXI.

Y es que la tensión vivida en 2.014 en la zona de Crimea y del Donbass arrastró las Bolsas durante 5 semanas a corregir un mísero 10%. Sin embargo, si bien el pasado nos explica que la última escalada militar en la zona no supuso más que un corriente estornudo en los mercados, la tensión que podría propiciar una escalada militar en la zona sobre los precios del gas y del crudo, podría sepultar los ingentes esfuerzos que hemos hecho los ciudadanos a través de nuestros Estados para poder salir de la actual pandemia. Créanme, el repentino y violento repunte de los precios de la energía no haría más que desatar una tormenta a la que actualmente ya denominaría pesadilla para Wall Street.

Como defendía nuestro queridísimo Ludwig von Mises, no existe ningún medio para evitar el colapso final de un boom originado por la expansión del crédito, pero sí un detonante que sirva como excusa para los incomprendidos. Al fin y al cabo los precios de la energía tienen que ver con la escasez en su suministro, y aunque como nos enseñó Gandhi existe suficiencia en el mundo para nuestras necesidades, ¡no la hay para nuestra codicia! ya sea ésta codicia de dinero o de poder.

Ante este escenario, no esperen caminos simples en las bolsas queridos míos, puesto que, o tenemos estómago de acero para resistir cualquier tipo de repunte de volatilidad, o vestimos nuestra operativa con un sesgo defensivo y muy táctico mientras el mundo se define en si seguimos a merced del poder, o nos replanteemos si es la democracia al amparo de las decisiones de unos pocos el mejor sistema de gobierno que podemos brindarnos.

Ante este panorama, cierto es que a mí no me corresponde actuar con base en las decisiones de las diferentes autoridades existentes, así que simplemente me limitaré a acatarlas desde el oscuro prisma de la crítica constructiva para tratar de solapar mi operativa con las propias condiciones implícitas en el mercado, bajo el único propósito de aceptar las conclusiones y atacarlas de la única manera que sé, debo y amo hacerlo ¡desde mi trading desk!

Gisela Turazzini, owner, founder and CEO of Blackbird Bank.

Blackbird
marketing@blackbird.es
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