¡La corrupción de las ideas!

“En el mercado libre, cada cual gana según su valor productivo en satisfacer los deseos de los consumidores. Bajo la distribución estatista, cada uno gana en proporción a la cantidad que puede saquear a los productores”, Murray Rothbard.

Desde hace muchos años he mantenido que las convicciones que afianzamos internamente como personas forjan en cierto modo nuestra manera de pensar, nuestros hechos, y por ende, nuestro carácter. Tener fuertes convicciones nos convierte de facto en creadores de opinión, y si bien debe prevalecer siempre el criterio que como personas tengamos, lo cierto es también que construir una opinión alrededor de ciertos referentes nos facilita tener una mentalidad más abierta y la humildad suficiente para poder rectificar, pulir o cambiar nuestras creencias con el paso del tiempo.

Yo afortunadamente me eduqué académicamente en el marco del pragmatismo británico, muy influenciada por los tratados de Keynes y he de confesarles algo agnóstica hacia un presunto libertario llamado Milton Friedman que no terminaba de cumplir mis expectativas acerca de su manera de entender la libertad, en el sentido más radical de su palabra. Tal vez mi querido Hayek era un buen comienzo para reeducar a nuestra juventud sobre la corriente que entonces dominaba la enseñanza universitaria, mayoritariamente pública, del marco intervencionista.

Y no es de extrañar, puesto que existe un gran conflicto de interés acerca de que las corrientes que marcan la clara interferencia del poder en las decisiones que rigen nuestra sociedad, como lo es el Keynesianismo, se impongan de manera casi propagandística entre todos los ciudadanos. Pero la aparición de Rothbard ampliando y radicalizando las teorías de Hayek, sin duda asentaron a un referente en un mundo que está cada vez más abierto a hacerle caso a sus propias ideas, y no a esa imposición académica barata que suele venir del sector público. Maravillas de internet, dicen.

Rothbard advierte de manera descarada que la esencia del poder es siempre la misma, trabajar con la única intención de ostentar cada vez más poder, ese es sin duda su único incentivo. Y papá Estado se define como una organización criminal que saquea a la propiedad privada mediante el delito del impuesto, mediante el propio poder coercitivo del Estado. Por ejemplo, ¿qué incentivo tendrá en España emprender como autónomo con la nueva escala de contribución a la seguridad social? ¡Pues, ninguno! Oprimir a los productores no soluciona la estafa piramidal que son para mí las pensiones, más bien restan el incentivo y agravan el problema.

El Estado español se ha convertido en la asfixia del incentivo de la propiedad privada, con ímpetu regulador y una pedantería administrativa que trata como analfabetos a sus ciudadanos en pro de un único y conocido objetivo; ¡tener más cuota de poder! No es de extrañar por tanto, que cuando aparece un político muy radical en su ideología liberal, llame la atención. Como tampoco lo es que cuando éste toma decisiones fuera del protagonismo inservible de aquellos que se sienten más una estrella del rock que un servidor del pueblo, empiece a crear entusiasmo y una corriente imparable de opinión que preocupa y no poco, a muchos interesados.

Obviamente estoy hablando de la Sra. Isabel Díaz Ayuso. Me fascinó el día que impuso con valentía en su Twitter aquello de “Socialismo o libertad”, ya me conocen, y me cautivó cuando se puso a trabajar haciendo de la Comunidad de Madrid el paraíso de aquellos que no requerimos más al Estado que libertad para poder desarrollar nuestras inquietudes vitales. Su arrolladora llegada no ha dejado indiferente a nadie, y se ha convertido en la presidenta de la Comunidad Autónoma políticamente más popular de la historia de España.

En Madrid los ciudadanos no votaron al Partido Popular, votaron a Ayuso, a lo yankee. Y lo hicieron por su simplicidad a la hora de comprender las necesidades del pueblo. Isabel tomó decisiones con determinación, justo cuando Sánchez empezó a sofocarse por la televisión dando dantescos datos de infecciones y fallecimientos, y recuerden, estando absolutamente anulado por la fragilidad del miedo y sin tomar otra decisión que retomar el NO-DO o si prefieren, el ‘aló presidente’ más propagandístico y cursi de la joven democracia española. “¡Pasamos el pollo a las comunidades autónomas!” debió pensar el PSOE, mientras cientos de respiradores se quedaban atrapados en las fronteras de Turquía, para sonrojo de miles de ciudadanos necesitados y enfermos de una Ley de pandemias que previamente había derogado el gobierno del 8M, sí sí, los mismos.

¿Y oigan, ahora nos quieren hacer creer que abastecer de mascarillas al sector sanitario es un delito? Miren señores, el hermano de la Sra. Ayuso como cualquier otro ciudadano tiene derecho a participar de un concurso público. Un concurso público que precisamente posibilita que la ciudadanía pueda abastecerse de equipos sanitarios, precisamente porque el sector público no tiene argumentos, ni procedimientos para lograrlos de manera eficiente. Del mismo modo que ha sido el sector privado el que a través de la ciencia, ha logrado vacunarnos y controlar la pandemia, mal que pese a los negacionistas.

Es evidente que nuestra sociedad democrática tiene muchas carencias, no se lo negaré, y que ésta está muy sobrevalorada. Pero seguramente el reto más importante al que debe enfrentarse ésta es al reto de la libertad, al reto de posibilitar que el incentivo guíe y oriente nuestras vidas, y que el Estado sea un simple hilo conductor, ¡que sirva y no ordene! hasta que seamos capaces a través de una revolución ideológica de prescindir de él. Tal vez por eso Isabel Díaz Ayuso ha entrado en el mundo político como un auténtico ciclón, que incluso ha causado pavor en su propia casa, demostrando que la envidia política existe y que la fragilidad del liderazgo de Pablo Casado queda fuera de toda duda, una vez que torpemente ha querido dar comienzo a una guerra civil para proteger su trozo de pastel, dejando claro que por encima de su interés en servir está su ilusión en mandar, y eso escapa mucho del presunto libertario que pretende ser.

Como decía Rothbard, en el maravilloso mercado libre cada cual gana según su valor productivo, sin embargo, bajo la distribución estatista cada uno gana en proporción a la cantidad que puede saquear a los productores, y tal vez por eso la falsa percepción que Casado tiene de la libertad es lo que le ha hecho caer en la tentación estatista de sacar cierto provecho del saqueo ideológico de sus votantes. Sr. Casado, ¿me permite un humilde consejo? la peor corrupción en la que un político puede caer, es en la corrupción de sus propias ideas.

Gisela Turazzini, owner, founder and CEO of Blackbird Bank.

Blackbird
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