Vladímir Putin: ¡Oda al esperpento!

«La marca de un gran gobernante no es su habilidad para hacer la guerra, sino para conseguir la paz», Monica Fairview.

¡Europa está en guerra! Me duele el alma empezar mi tribuna semanal con estas palabras, pero, en efecto, la bendita paz que ha dominado nuestra Europa tras la escabechina y el escarmiento de la Segunda Guerra Mundial nos ha abandonado. Nos han devuelto al dolor de la mano de un nuevo tirano encumbrado a la cúspide de un poder autoritario, que se erige con la potestad suficiente como para reinar por encima del bien y del mal, bajo serias amenazas al mundo respecto de su fuerza nuclear y una declaración de intenciones alarmante sobre las egocéntricas aspiraciones de un líder acomplejado por pasar otrora absolutamente desapercibido entre las élites internacionales y que parece haber decidido declarar la guerra a Ucrania, simplemente para llamar la atención de un mundo que no le da el placer de ver lo gran líder que aparentemente cree ser.

La realidad es que, con 1.115 personas heridas, de los cuales 33 son niños, 198 vidas arrebatadas, 3 de ellas niños, y cientos de miles de personas heridas y evacuando sus ciudades, sus casas, la comunidad internacional nos preguntamos ¿a cambio de qué Vladímir Putin? ¡Nada! Nada justifica atentar la libertad de la vida de ninguna persona, de ningún ser. Por eso, entre otras cosas odio sobremanera el maldito poder, y soy una anarcocapitalista rematadamente convencida.

Sabemos que en esencia o al menos en pretexto, esta guerra trata de la naturaleza fundacional de la Unión Europea, y es menester recordar que es la victoria de la paz sobre la guerra, bajo la figura de una divisa común y la solidaridad entre naciones que se destruyeron durante la primera mitad del siglo pasado. La fundación de instituciones como la OTAN dividieron el mundo en tres bloques, en los que EEUU y la URSS se encontraban separadas por una Europa en ruinas, donde la OTAN se constituyó como la alianza atlántica entre el capitalismo defensor de la libertad y el comunismo más cruel y alejado de la utópica historia de Marx.

Pero el temor a que una guerra mundial entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y EEUU acabara con un desastre nuclear, quedó en poco más que trepidantes películas de acción y espionaje en la década de los 90. Hay un detalle importante en el análisis geopolítico de Europa que he realizado, y es que incluso la Alemania beligerante en la Primera y Segunda Guerra Mundial, ha logrado convivir armónicamente con sus enemigos franceses y británicos, gracias al respeto a la libertad, a la cooperación internacional y a crear lazos a través de instituciones colectivas, algo de lo que Rusia ha prescindido, alejada y aislada de la economía de occidente bajo un régimen hipócritamente democrático, que se ha basado en dividir todavía más la riqueza de la nación para cuatro oligarcas afines al régimen.

Nadie se impondría a que Rusia se anexara a la Unión Europea dando así por rota de manera definitiva la guerra fría y la división que todavía, visto lo visto, existe en el mundo. Pero claro, eso supondría subrogar el poder verdaderamente al pueblo, con infinidad de matices claro, y eso es lo que define esta guerra; precisamente que Ucrania sí ve y valora la influencia de Europa como un arma bajo la que defender su propia libertad en pro de ceder el poder a una unión democrática, en vez de someterse a los caprichos de Vladímir Putin. Por supuesto cabe destacar que el mandamás ruso no tolera de ninguna manera pasar a la historia como el presidente que vio aterrizar los escudos en territorio soviético, y en lugar de eso ha decidido terminar sus últimos años manchando su ya paupérrima imagen como lo que todos pensábamos; un tirano autoritario al que le importa más su orgullo, que la vida de sus compatriotas. Lamentable cuanto menos.

En cuanto a lo que nos compete profesionalmente, en materia de Bolsas somos conscientes de que éstas no viven al margen de esta realidad, y lo hemos acontecido durante una pasada semana de auténtico infarto. Por un lado, el oro se ha calentado al calor del riesgo que supone la guerra para los capitales, y no tanto por temores sobre la inflación, más bien por lo inherente a su valor intrínseco.

El oro sube cuando caen los tipos reales; (tipos de interés – inflación), algo que, por supuesto sucedería en caso de que, alargándose la guerra, el precio del petróleo y el gas siga apretando la inflación y el BCE se vea obligado a mantener intactas sus políticas monetarias, dejando los tipos reales en negativo y siendo el oro el principal activo refugio ante un evento militar a gran escala. Por este motivo señores, los bancos capitularon ante este lógico argumento de que el BCE podría frenar la subida de tipos si esto se alarga en el tiempo. Por otro lado, aparte del pánico propio que despierta un conflicto bélico, la energía renovable subió espectacularmente tras las declaraciones de Europa y EEUU respecto a la dependencia del gas ruso, algo que también explica que las guerras no hunden los mercados, ¡los reestructuran!

Las próximas semanas nos ayudarán a comprender con más claridad las consecuencias económicas de esta deplorable guerra, pero lo cierto es que las sanciones podrían tocar lo que más duele al comunismo moderno, ¡su riqueza! Y la presión que los amiguetes oligarcas de Vladímir Putin puedan realizar estoy convencida tendrán un impacto directo en el desenlace de lo que muchos quieren ver como la Tercera Guerra Mundial.

Puede que este señor invoque a razones históricas para ningunear la alianza atlántica, pero la absoluta determinación con la que los aliados han enfrentado el fin de semana, incrementando el presupuesto militar de manera muy severa, es la llamada a que Putin ha subestimado la firmeza con la que la OTAN defenderá la integridad de su territorio, consiguiendo que este histórico y flagrante error de Vladímir lo plasme en la historia como otro pobre tirano con delirios de grandeza más próximos a Alejandro Magno que a Mahatma Gandhi, y olvidando así que la marca de un gran gobernante no es su habilidad para hacer la guerra, sino su inteligencia y bondad para conseguir la paz. Grande es la culpa de una guerra innecesaria señores, porque un día de batalla es un día de cosecha para el maldito diablo. La cabeza de Vladímir Putin ya tiene precio, solamente nos queda saber cuál será nuestro coste a pagar por ello.

Gisela Turazzini, owner, founder and CEO of Blackbird Bank.

Blackbird
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