¡Inflación como camisa de fuerza!

«La inflación es la madre del paro, y la ladrona invisible de los que han ahorrado», Margaret Thatcher.

Charles Dow advirtió hace ya más de un siglo que el estudio del comportamiento del mercado a través de los precios era posible gracias al análisis técnico, principalmente por un principio elemental y es que ¡el precio lo descuenta absolutamente todo! Y es lógico, puesto que al fin y al cabo las cotizaciones reflejan toda la información, sí, sí, tanto la conocida como la desconocida, así como las perspectivas de los analistas y la tolerancia al riesgo de los inversores.

Créanme que este suceso es especialmente importante, y de hecho es uno de los argumentos que en Blackbird hemos venido explicando durante los últimos meses al respecto de que un fallo en la amplitud de mercado nos animaba a plantear una hipótesis operativa nueva, por tercera vez en 13 años. La primera en 2015 y la segunda en 2018, se completaron con un mercado lateral de aproximadamente dos años de duración. La hipótesis de cambio de tendencia la considerábamos desde un cambio estructural claro en la economía, puesto que de alguna manera el COVID había penalizado las cadenas de suministro y afectado a las economías en forma de inflación, algo que lógicamente se concatena con la necesidad sobre la retirada de estímulos monetarios y subida de tipos de interés, con las inyecciones fiscales de Europa y EEUU para la recuperación de la economía post pandemia.

Ante este escenario, les advertía que la sobrevaloración de los activos de crecimiento, como consecuencia de la nula rentabilidad de los activos libres de riesgo, podrían provocar un comportamiento relativo negativo respecto a los sectores más tradicionales, favoreciendo en este entorno a las compañías de valor versus las compañías de crecimiento.

Bajo mi punto de vista, este hecho es especialmente relevante, puesto que esta absurda guerra de Vladímir Putin en Ucrania, no ha hecho más que amplificar el escenario y añadir presión a todos los agentes económicos, para ponerle el turbo a una situación que ya de por sí, era suficientemente complicada, ¿no les parece? Analizando tal entorno en Blackbird Research nos aventuramos a pronosticar un -35% de caída potencial, que se ha convertido en el primer embate en nada menos que un -25% de ajuste real.

La pregunta que nos hacemos ahora es si este pánico dejará nuevamente los precios de vuelta en la zona lateral de distribución dando carpetazo a la volatilidad en el mejor de los casos y estancándose en un mercado lateral, o bien si estamos delante del tan temido “rebote del gato muerto”, que suele traducirse en el primer rebote previo al desarrollo de un mercado bajista. Como siempre digo, el sesgo predictivo es un riesgo para el operador y nuestro propósito no es el de adivinar los precios, como sí el tratar de comprender los riesgos y actuar en consecuencia.

En este sentido, hemos ampliado nuestra exposición en Renta Variable estas semanas comprando beta mercado mediante ETFs del DAX y del sector bancario europeo, buscando un rebote técnico para volver a dejar nuestra exposición en el 50%, dejando incluso la puerta abierta para buscar posiciones cortas siempre que el presente rebote finalice dejando al DAX40 y al NASDAQ100 por debajo de los 15.000 puntos.

Como aviso a navegantes, les aconsejo que mantengan su prudencia intacta. En nuestro caso, bajo la ventaja de saber que Mr. Market ha saneado algunas cotizaciones por encima del 50% y ha dejado la amplitud de mercado muy, ¡pero que muy tocada!, puesto que el número de sectores y compañías bajistas es ya superior a las alcistas, exigiendo al mercado un tiempo no inferior a los 6 meses para que a través del precio nos alerte de una recuperación de su amplitud, algo que bajo mi punto de vista es estrictamente necesario si pretendemos excluir el peso de las empresas de gran capitalización de las conclusiones que nos brinda el precio.

Y es que tras la guerra de Ucrania la economía mundial se enfrenta a una tormenta perfecta provocada por el incremento en los precios de las materias primas (alimentación, energía, metales y fertilizantes) y su afectación al comercio mundial, así como al hundimiento del orden geopolítico que se había instaurado tras la Guerra Fría y los riesgos de una escalada militar que afecte al territorio de la OTAN y por último al shock financiero provocado por los posibles contagios que podemos vivir como consecuencia de impagos que provengan de Rusia y Ucrania.

Este hecho, junto con el bloqueo económico de Rusia, provocado por las sanciones que el mundo entero ha aplicado como medida para estrangular la financiación de la guerra, aceleran y amplifican todavía más el escenario prebélico de estanflación, añadiendo más presión si cabe a los bancos centrales a la hora de controlar la inflación y a los Estados de ampliar sus presupuestos. Y es que el endurecimiento monetario llega, de hecho, en un momento en que los agentes económicos están en una situación financiera favorable gracias al incremento presupuestario puesto en marcha para hacer frente a los desastres de la pandemia, lo que ha hecho que los consumidores sean menos vulnerables a la normalización monetaria. ¡Todo un cóctel Molotov!

Como ven señoras y señores, el riesgo de estanflación es un digno rival para la moral de los mercados, que tras años de exagerada complacencia entenderán qué es la volatilidad, puesto que al fin, la inflación vuelve a determinar la política monetaria de los bancos centrales sobre lo que supone el fin del; “hacernos gastar a los consumidores mediante manipular nuestro efecto riqueza a través de la subida de las bolsas”. Y es que ante este nuevo entorno inflacionario habrá que recordar que la inflación no solamente es la madre del paro, sino que es la ladrona invisible de los que han ahorrado y que todavía no entienden que asumir riesgos con coherencia, será enorme virtud en una era en la que los excesos monetarios al fin se han terminado. Ya saben, cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza. ¡Bienvenidos al mundo real!

Gisela Turazzini, owner, founder and CEO of Blackbird Bank.

Blackbird
marketing@blackbird.es
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